Una directora ejecutiva multimillonaria vio el collar de su difunto esposo en el cuello de un padre soltero de la Marina, y la verdad la dejó atónita.
PARTE 1
El salón entero quedó en silencio cuando Valeria Santillán vio las placas militares que colgaban del cuello de un desconocido.
La gala anual de la Fundación Horizonte se celebraba en uno de los hoteles más exclusivos de Ciudad de México. Bajo enormes candiles de cristal se reunían empresarios, funcionarios, altos mandos de la Marina y familias que habían donado millones de pesos para apoyar a hijos de militares fallecidos.
Valeria era la anfitriona y la mujer más observada de la noche.
A sus 39 años dirigía Nébula Sistemas, una de las compañías tecnológicas más importantes del país. Había construido su fortuna desarrollando equipos de comunicación para hospitales, puertos y organismos de rescate. Llevaba un vestido rojo oscuro, hablaba con seguridad y sonreía ante las cámaras como si nada pudiera quebrarla.
Sin embargo, detrás de aquella elegancia continuaba viviendo la mujer que había perdido a su esposo 6 años atrás.
El contralmirante Andrés Santillán había muerto durante la Operación Centella, una misión secreta de rescate en una costa extranjera. La versión oficial aseguraba que su helicóptero había sido derribado durante una tormenta y que ningún integrante del equipo había sobrevivido.
El cuerpo de Andrés nunca fue recuperado.
Tampoco sus placas de identificación.
Valeria había aprendido a no preguntar. Cada vez que insistía, recibía la misma respuesta: la información estaba protegida por razones de seguridad nacional.
Aquella noche, al otro extremo del salón, se encontraba Tomás Navarro.
Vestía un saco prestado y una camisa verde olivo demasiado sencilla para el lugar. Algunos invitados creyeron que era empleado del hotel. Otros pensaron que formaba parte del personal de mantenimiento.
Tomás no parecía sentirse ofendido.
Había servido 12 años en la Marina y ahora reparaba embarcaciones en un astillero de Veracruz. Criaba solo a su hija Camila, de 8 años, desde que su esposa murió durante el parto. Había viajado a la capital porque una asociación de veteranos lo había nominado para recibir un reconocimiento por rescatar a pescadores durante un huracán.
No le interesaban los empresarios ni las cámaras.
Solo esperaba regresar al día siguiente para asistir al festival escolar de Camila.
Valeria estaba conversando con un senador cuando vio el cordón negro alrededor del cuello de Tomás.
2 placas metálicas descansaban sobre su pecho.