Erich Fromm afirmaba que solo un rasgo delata a una mala persona: una vez que lo ves, todo te queda claro.

Erich Fromm afirmaba que solo un rasgo delata a una mala persona: una vez que lo ves, todo te queda claro.

Erich Fromm, un pensador cuyas ideas aún invitan a la reflexión. Sus análisis de la psique humana, la libertad y la responsabilidad siguen vigentes. Y aquí les presentamos una de sus reflexiones.

En uno de sus libros, Fromm señaló en una ocasión:

“La incapacidad de una persona para sentir vergüenza es señal de que ha perdido el contacto con su alma.”

Y esta, la verdad, es una observación muy acertada. Seguro que conoces a gente así: pueden decir algo ridículo, grosero o simplemente ilógico, pero ni se inmutan. No se sonrojan, no se avergüenzan, no se detienen a reconsiderar sus palabras. Tienen una seguridad en sí mismos como si la verdad fuera su apellido.

Y aquí viene lo más interesante: si te sientes incómodo cerca de alguien, si todo tu interior se encoge de vergüenza por las palabras o acciones de otra persona, esto es una señal preocupante.

Lo más probable es que tengas delante a una persona desprovista de ese mecanismo de defensa que distingue a una persona razonable y sensible de un ignorante engreído.

¿Cómo comunicarse con este tipo de personas?

Primero, no te tomes sus palabras demasiado en serio.

Y en segundo lugar, existen varias tácticas:

Mantén la calma. Si intentan involucrarte en un conflicto, imagina que observas la situación desde la distancia. La estupidez ajena no es tu problema. Esto no significa que debas ignorarlo todo, pero mantener la cabeza fría en estos casos es fundamental.

Establece límites. No temas decir: «No me gusta oír eso» o «No quiero seguir con esta conversación». Es normal. Tienes todo el derecho a no participar en el absurdo de otra persona.

No caigas en provocaciones. A veces, estas personas tocan los nervios de los demás deliberadamente para provocar emociones. Una reacción tranquila los desarma. Intenta responder con algo neutral: «Una opinión interesante» o «Tienes derecho a pensar así», y observa cómo pierden los estribos.

Aprende de la experiencia. Después de hablar con una persona así, pregúntate: “¿Cómo llegué a esta situación?” y “¿Cómo puedo evitarlo en el futuro?” . El análisis siempre ayuda. Quizás confías demasiado en la gente o no expresas tu postura con suficiente claridad.