Viajé 14 horas para asistir a la boda de mi hijo, pero al llegar al salón, su novia me bloqueó la entrada y me dijo: “Aquí solo entra la familia de la novia. Usted nunca fue importante para él. Por favor, váyase.” Me fui sin hacer ningún escándalo. 6 días después, mi hijo me llamó por una cuenta de boda de 74,000 dólares y me dijo: “Como mi madre, es tu deber pagarla.”

Viajé 14 horas para asistir a la boda de mi hijo, pero al llegar al salón, su novia me bloqueó la entrada y me dijo: “Aquí solo entra la familia de la novia. Usted nunca fue importante para él. Por favor, váyase.” Me fui sin hacer ningún escándalo. 6 días después, mi hijo me llamó por una cuenta de boda de 74,000 dólares y me dijo: “Como mi madre, es tu deber pagarla.”

Esa tarde, por primera vez en días, contestó una llamada de Diego.

—Mamá —dijo él, con una voz extrañamente tranquila—. Necesito que arregles algo.

Carmen cerró los ojos.

No dijo “¿cómo estás?”.

No dijo “perdón”.

No dijo “supe que viniste”.

Solo “necesito”.

—Dime —respondió ella.

—La administración de la hacienda me está cobrando 74,000 dólares pendientes. Mariana y yo hablamos, y creemos que, como mi mamá, es tu responsabilidad cubrirlo.

Carmen se quedó helada.

—¿Mi responsabilidad?