Que lo creas o no es tu decisión. Personalmente, lo considero un filtro interesante , no un veredicto. Es importante observar el comportamiento, los valores y la comunicación. Pero a veces la primera impresión se forma en segundos, y entonces los pequeños trucos de la intuición pueden ser sorprendentemente acertados.
En qué fijarse primero: no solo en la forma, sino también en el “comportamiento” de la nariz.
Antes de pasar a hablar de los tipos de nariz, mi madre me enseñó a fijarme en tres cosas:
Forma : recta, curva, ancha, delgada, carnosa
Dirección : ligeramente hacia arriba, hacia abajo, hacia adelante, hacia adentro.
Presencia : dominante, suave, casi imperceptible.
La combinación de estos detalles crea una impresión general. Veamos qué “revelan” los distintos tipos de narices según este “análisis” femenino, algo humorístico pero a menudo sorprendentemente efectivo.
1. Nariz recta y despejada: el hombre en quien puedes confiar.
Una nariz recta, sin protuberancias ni curvas pronunciadas, a eso mi madre siempre lo llamaba “un trabajador”. Según ella, un hombre así:
Le encanta la claridad y la concreción;
se aferra a los acuerdos;
no propenso a arrebatos dramáticos;
Suele pensar de forma práctica, no solo emocional.
Con narices así, a menudo te encuentras con hombres responsables; tal vez no sean los más románticos, pero son estables. Son del tipo que no te prometerá el cielo, pero te llevará al aeropuerto a tiempo, pagará las cuentas y volverá a casa con pan sin olvidarlo.
La desventaja: a veces son más áridas y menos espontáneas. Si eres una mujer que disfruta de los grandes gestos y las sorpresas, puede que te resulten aburridas. Pero si sueñas con un hogar ordenado, planes compartidos y alguien en quien apoyarte, es una buena señal.
2. Una nariz ligeramente curvada: un carácter profundo y un alma compleja.
En los hombres con mentón visible, pero no excesivo, de perfil, la madre solía decir: “Esta nariz ha visto tanto el bien como el mal”. Por lo general, tienen:
mayor sensibilidad, aunque no sea evidente al principio;
tendencia a darle demasiadas vueltas a todo;