Su teléfono vibró contra el escritorio.
Marcus Thorne no había enviado ningún mensaje, solo la imagen.
Al principio, Valeria no entendía lo que estaba viendo.
Julian estaba de pie frente a un hotel boutique cerca del río, vestido con su abrigo de lana azul marino, con una mano en el bolsillo. No estaba solo. Una mujer estaba a su lado, bajo el toldo del hotel, con el rostro medio vuelto hacia él y el cabello castaño rojizo recogido en un pulcro moño en la nuca.
Pero no fue la cercanía lo que hizo que los dedos de Valeria se apretaran alrededor del teléfono.
Era la expresión de Julian.
Él estaba sonriendo.
No era la sonrisa pulida y encantadora que lucía en las reuniones con inversores. Ni la sonrisa ensayada que dedicaba en las cenas con su padre. Esta era más suave. De alivio. Casi juvenil.
La mujer extendió la mano y le quitó una gota de lluvia del hombro. Julian no se apartó.
Valeria se quedó mirando fijamente hasta que la pantalla se atenuó.
Luego lo tocó de nuevo.
Su primera emoción no fue la ira. Eso la sorprendió. Había esperado que surgiera en ella algo agudo y ardiente, algo que pudiera disipar el entumecimiento.
En cambio, sintió un silencioso hundimiento en el pecho, como si una tabla del suelo se hubiera roto bajo sus pies y estuviera cayendo en una habitación cuya existencia desconocía.
Marcus envió un segundo mensaje.
Centro, 15:12. Se registró con el nombre de J. Hale. La mujer se identificó como Elise Moreno. Exasesora legal de NexaData. Más información próximamente.
Valeria leyó el nombre tres veces.