“El cuaderno lo menciona. Y… menciona a Melissa”.
Lucía emitió un sonido ahogado. Gabriel sintió un nudo en el estómago.
A la una de la madrugada, los agentes estaban en el patio. El cobertizo, antes común y corriente, lleno de herramientas, de repente parecía diferente. La cerradura se rompió rápidamente. Dentro, todo parecía normal… hasta que descubrieron una trampilla oculta bajo una pila de tablas.
Renata se arrodilló.
“Ábrela”.
Una estrecha escalera conducía hacia abajo.
Lucía comenzó a temblar tan violentamente que Marco tuvo que sujetarla. Gabriel miró fijamente a la oscuridad, sabiendo ya que algo había cambiado para siempre.
Primero, descendieron dos especialistas. Luego, Renata.
Silencio.
Los segundos se convirtieron en minutos.
Entonces su voz surgió desde abajo, tensa, cargada de emoción:
«Nadie desciende».
Eso fue suficiente.