Fue una conversación que nos recuerda que el amor no se trata de perfección, sino de elegir confiar, incluso cuando la confianza parece frágil.
Una semana después, pidió ser transferido a otro proyecto.
No porque tenga que hacerlo, me dijo, sino porque nuestra paz interior merece ser protegida.
Esa noche cocinamos juntos, nos reímos recordando viejos tiempos y bailamos descalzos en la cocina.
La joven resultó ser solo una prueba pasajera. Lo que quedó fue lo que realmente importaba: dos personas que, a pesar del ruido del mundo, siguen eligiéndose mutuamente. Día tras día.