—Dame cinco minutos —susurró mientras cerraba los ojos y respiraba hondo, dejando que los recuerdos afloraran sin quebrar la compostura.
Recordaba los recibos de alquiler ocultos, las reuniones nocturnas que siempre sonaban ensayadas y las llamadas telefónicas que terminaban en el momento en que entraba en la habitación.
Entonces recordó aquel día de abril en que vio a Ashley Monroe salir de aquel edificio de apartamentos, ajustándose la blusa y sonriendo como alguien que finalmente había conseguido lo que quería.
Planificación patrimonial
Ashley había sido su compañera de universidad, una mujer que siempre había admirado su vida con demasiada atención, y ahora esa admiración se había convertido en algo mucho más destructivo.