Traje oscuro.
Ojos agudos.
Carter frunció el ceño.
“¿Quién diablos es ese?”
Me limpié la sangre de los labios.
“Mi abogado,” dije con calma.
“Y la razón por la que estás a punto de arrepentirte de tocarme”.
Los invitados se inundaron afuera detrás de nosotros en un silencio aturdido mientras el sheriff Dalton caminaba directamente hacia Carter.
“Mantén tus manos donde pueda verlas, hijo.”
Carter forzó una risa nerviosa.
“Sheriff, esto es solo un malentendido familiar”.
Dalton miró mi mejilla magullada.
“Es un malentendido bastante fuerte”.
Mi abogada, Rebecca Sloan, abrió tranquilamente su carpeta.
“Hoy temprano”, anunció, “mi oficina presentó una orden judicial de emergencia que bloquea cualquier acuerdo de venta, transferencia o desarrollo que involucre a Hollow Creek Farm”.
Vanessa dio un paso adelante furiosamente.
“¡No puedes hacer eso!”
Rebecca apenas la miró.
“Ya lo hicimos”.
La expresión de Carter se oscureció.
“¿Por qué motivos?”
Rebecca abrió el archivo.
“La falsificación. Explotación financiera. Conspiración de fraude. Coerción. Y asalto”.
Las palabras golpean a la multitud como truenos.
Emily miró a Carter con horror.
“¿Falsificación?”
Se volvió hacia ella al instante.
“No empieces a caer en las mentiras de tu madre”.
Rebecca levantó con calma varios documentos.
“El acuerdo de desarrollo incluye la firma falsificada de Helen Carter. Tuvimos expertos en escritura a mano que lo revisaron esta mañana. También citamos los registros notarios”.
Vanessa se puso completamente pálida.
Y de repente Carter se dio cuenta del error que los destruiría.
El notario era el amigo del club de bridge de Vanessa.
Rebecca continuó sin problemas.