Al borde de la muerte, buscaba desesperadamente un heredero. Eligió a la mujer de la que todo el pueblo se reía, pero lo que sucedió después de su boda dejó a todos sin palabras.😱😨

Al borde de la muerte, buscaba desesperadamente un heredero. Eligió a la mujer de la que todo el pueblo se reía, pero lo que sucedió después de su boda dejó a todos sin palabras.😱😨

Y ese día no fue diferente.

Un joven decidió burlarse de ella de nuevo.

—¿Ya está lista mi camisa? —preguntó en voz alta, para que todos lo oyeran.

“Estará listo mañana, como te dije ayer”, respondió Elitsa con calma.

Pero no se detuvo.

“Si comiera menos y trabajara más, probablemente estaría lista hoy.”

Las risas estallaron en el estudio.

Elitsa no dijo nada. Estaba acostumbrada a esos insultos. Pero eso no significaba que no le dolieran. Cada burla le recordaba cuántos años había vivido con la sensación de no ser lo suficientemente buena para nadie.

El anciano dueño del estudio escuchó las palabras e intervino de inmediato.

“¡Basta!”, dijo con firmeza.

El joven se apresuró a justificarse:

“Eso era solo una broma.”

El anciano lo miró con severidad.

“Entonces inventa un chiste mejor.”

En la habitación reinaba un silencio absoluto.

Elitsa continuó cosiendo, aunque le temblaban ligeramente las manos.

Su vida ya era bastante difícil.

Vivía en un pequeño apartamento con su tía, que estaba gravemente enferma y cuyo estado empeoraba día a día. Cada mañana, lo primero que hacía era asegurarse de que su tía seguía respirando.

Cada noche contaba los últimos euros que le quedaban.

No había padres.

No tenía parientes ricos.