PARTE 1
Cuatro años después de que su esposa desapareciera sin dejar rastro, Nathan Cole pensó que el peor capítulo de su vida ya había quedado atrás. Se equivocaba.
En una tarde lluviosa en Boston, Nathan caminaba por el vestíbulo de uno de sus hoteles tras otra agotadora reunión con inversores. A sus cuarenta y un años, ya no se parecía al hombre de negocios seguro de sí mismo que antaño aparecía en las portadas de las revistas. Años de arrepentimiento habían surcado su rostro con profundas arrugas.
Entonces oyó risas. Risas infantiles. Alegres. Familiares. Cerca de la fuente, dos niños pequeños se perseguían en círculos mientras su niñera se esforzaba por seguirles el ritmo.
Gemelos. De unos cuatro años. Cabello oscuro. Ojos gris azulados. Nathan dejó de respirar. Esos ojos eran suyos.
Un chico casi chocó con él antes de sonreír con aire de disculpa. La sonrisa era idéntica a la de Emily. Nathan sintió que se le oprimía el pecho.
Mientras los chicos huían, uno de ellos giró la cabeza. Fue entonces cuando Nathan lo vio. Una pequeña marca de nacimiento en forma de media luna debajo de la mandíbula del niño. La misma marca que él tenía debajo de la oreja. Rara. Hereditaria. Imposible de ignorar.
Casi le fallaron las rodillas. Minutos después, supo la verdad. La reserva pertenecía a Emily Bennett. Emily. Su esposa. La mujer que había desaparecido cuatro años antes.
¿Y los chicos que figuran en la reserva? Ethan y Elliot Bennett.